Consagración personal a la Virgen María

según el itinerario de san Luis Mª Grignion de Montfort

Título: Consagración personal a la Virgen María, según el itinerario de san Luis Mª Grignion de Montfort
Autor: Santiago Arellano Librada, hnssc
Páginas: 145 p.
Tamaño: 17×17 cm
Precio: 10 €
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Muy querido lector, comenzamos este camino de preparación para nuestra consagración a Jesús por María. Empezamos con ilusión estos treinta y tres días y en estos primeros días queremos librarnos del espíritu mundano que se nos pega a todos, queremos ser limpios de corazón para poder ver a Dios.

Para esto en este primer día de preparación se nos propone que escuchemos y meditemos el Evangelio de las bienaventuranzas, es lo más contrario al espíritu del mundo, está en el capítulo 5 de San Mateo…

Santiago Arellano, Consagración personal a la Virgen María

Apuntes de Historia de la Iglesia 5: Edad Moderna 3

Título: Apuntes de Historia de la Iglesia 5: Edad Moderna 3: siglo XIX
Autor: Antonio Pérez-Mosso Nenninger, hnssc
Páginas: 477 p.
Tamaño: 16×24 cm
Precio: 20 €
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Fragmento:

El curso de la historia de la Iglesia en el XIX, marcado en gran manera por la Revolución francesa, tiene poco de sorpresivo en lo que se refiere a las grandes pruebas y tribulaciones a las que es sometida la Iglesia. Son, ante todo, consecuencias de una progresiva suplantación de la soberanía de Dios por la del hombre; suplantación, de larga prehistoria, durante tiempo aún no formulada, no puesta por escrito, como sucederá a partir del XVI; y sobre todo, ya en la segunda de la mitad del XVII cuando filósofos de la época y de enorme influjo hasta el presente (Hobbes, Cherbury, Toland, Tyndal, Spinoza, Locke… ) piensen y escriban cómo se ha de gobernar la sociedad sin contar con Dios, Ser personal y trascendente al mundo.

La obra de la Revolución francesa consistirá, en esencia, en aplicar de manera concreta aquellas filosofías a las legislaciones de los pueblos. Luego, ante las múltiples dificultades que suscitan tales aplicaciones, por la pervivencia de la fe y la consiguiente resistencia de los pueblos creyentes, los gobernantes oscilan tantas veces entre la aplicación estricta u otra más atenuada del principio capital de la soberanía del hombre. La inmensa sorpresa -contra todo pronóstico solamente humano- en la historia de la Iglesia, sorpresa patente en todo tiempo y de modo tan manifiesto en el XIX, es cómo a pesar de tantas dificultades externas, y no pocas miserias internas, se ha operado en ella una extraordinaria purificación en el tránsito del XVIII al XIX que ha fructificado en un gran crecimiento de la vida cristiana.

Surge un clero más piadoso y de mayor celo pastoral, un episcopado más modesto y fiel a Roma, un pueblo que recobra sus tradiciones arraigadas en siglos de fe, con una piedad más cálida que supera pasados rigores y frialdades de corte jansenista, una piedad más centrada en Cristo y María, en la vida de los sacramentos (eucaristía y confesión más frecuentes, avivadas en especial por san Alfonso María Ligorio, y por la tan fecunda práctica de los Ejercicios de san Ignacio). Todo ello concurre para suscitar un número incontable de vocaciones sacerdotales y religiosas, ya para bien de la antigua Cristiandad (para el culto, la predicación, la enseñanza, la atención a los más pobres y desvalidos, y para la restauración de la vida contemplativa tan afectada por la Revolución), ya para el envío de heroicos misioneros y misioneras a todos los continentes.

Es manifiesto hoy que el proceso de descristianización y deshumanización dirigido por los poderes de este mundo no se ha detenido. Y también es manifiesto que la Iglesia vive y sigue hoy dando frutos de santidad por todas partes. Muy en especial, el relato de la vida de la Iglesia, en época tan compleja como el siglo XIX, contribuye a vigorizar la gozosa convicción propia del creyente de que Cristo es la clave de la historia, y que la salud del universo viene, y ha de venir, de la bondad del Corazón de Jesús, reconocido y amado, y de su Santa Madre que de modo tan extraordinario y providente ha pedido en Fátima la consagración del mundo a su Inmaculado Corazón.

Una semana con la familia Martin

Título: Una semana con la familia Martín. Rezar con Luis y Celia Martín.
Autor: Ignacio Mª Manresa Lamarca, hnssc et alii.
Páginas: 60 p.
Tamaño: 12×18 cm
Precio: 3 €
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Fragmento:

El 18 de octubre de 2015 el papa Francisco canonizó a Luis y Celia Martín en el contexto del sínodo de la familia. Así el Papa quiso poner ante la mirada de los hombres de hoy, un modelo de santidad para el matrimonio y la familia. De este modo, la rica doctrina de la Iglesia encuentra en los santos Martín una encarnación concreta, que nos hace visible y capaz de inspirar en nuestros corazones la santidad a la cual Dios llama a los esposos.
Os animamos pues a acoger esta invitación del Papa. Abrid las puertas de vuestro hogar a la familia Martín, o mejor, trasladaos vosotros a vivir por una semana en su santa casa. Veámosles día tras día recorrer con una sencillez y verdad admirables el camino hacia el Cielo. Contemplemos la vida de este matrimonio santo, palabra de Dios para nuestro tiempo. Y hagámoslo en oración, en la presencia de Dios..

Apuntes de Historia de la Iglesia 4: Edad Moderna 2

Título: Apuntes de Historia de la Iglesia 4: Edad Moderna 2: De 1648 (Paz de Westfalia) a 1800
Autor: Antonio Pérez-Mosso Nenninger, hnssc
Páginas: 338 p.
Tamaño: 16×24 cm
Precio: 15 €
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Fragmento:

La Reforma iniciada por Lutero pronto produjo una gran división de los
espíritus, principalmente en Alemania, Inglaterra y Francia; división, que
condujo en estas naciones a sus prolongadas y tremendas guerras internas
del XVI y primera mitad del XVII; guerras internas, en cambio, no padecidas
por las naciones que entonces perseveraron unidas en la fe católica (Francia
osciló durante un tiempo). 
A las naciones latinas (Italia, España y Portugal) les advendrá su gran división espiritual en el XVIII, de tanta trascendencia para el futuro de España (para su convulso siglo XIX, la guerra del 36 y la actualidad).

La Paz de Westfalia (1648) puso témino a aquellas contiendas por motivo
religioso. Erigía como fundamento de las relaciones internacionales y augurio
de una paz duradera el primado de las razones políticas sobre la fe. Pero la
paz no vino; las guerras se multiplicaron, ahora ya por motivos económicos y
políticos. La pugna por la hegemonía mundial enfrenta ante todo a Francia e
Inglaterra durante todo este período casi sin interrupción. Se combatirá por
tierra y mar en tres continentes.

La pérdida de la unidad de la fe en Cristo y su Iglesia en el mundo de Occidente
en el XVI está en la raíz de estas contiendas. Éste ha sido el juicio emitido por los papas de la contemporaneidad. Hay otro juicio o diagnóstico, que es el que culpa de los males a la Iglesia; es el de las ideologías y filosofías que conciben que la felicidad y el bien de los humanos han de venir de apartarlos de Cristo y su Iglesia. Tales concepciones, muy minoritarias aún, fueron con todo rigor puestas por escrito ya en el XVII por Hobbes, Spinoza, Locke, Tindal, Toland,
Bayle…

Nada nuevo al respecto afirmarán en el XVIII un Voltaire, Diderot,
D´Alembert, los hombres de la Enciclopedia, Rousseau, y el mismo Kant en
su augurado “milenio” superador de toda verdad revelada; pero ellos fueron
los grandes divulgadores de aquellas concepciones.

Hoy somos testigos de un extendido ateísmo sociológico, práctico,
no especulativo, que ni se cuestiona la existencia de Dios; pero al que ha
precedido, como muestra la historia, una enorme carga de filosofías ateas.
En este contexto tan problemático y adverso despliega su vida la Iglesia. Su
pervivencia e inmenso dinamismo, y pese a también graves miserias internas,
no son “históricamente” explicables; y menos en este contexto. Son milagro de Dios, obra del Espíritu Santo, intervención y constante protección de la Virgen María, y de manera tan singular del Corazón de Jesús, precisamente revelado en esta época como “el remedio extraordinario” a santa Margarita María.

Apuntes de Historia de la Iglesia 3: Edad Moderna 1

Título: Apuntes de Historia de la Iglesia. 3 Edad Moderna 1: De 1417 a 1648
Autor: Antonio Pérez-Mosso Nenninger, hnssc
Páginas: 572 p.
Tamaño: 16×24 cm
Precio: 20 €
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Fragmento:

Los presentes Apuntes (3) tratan de exponer un conjunto de hechos notables
de la historia de la Iglesia en el período comprendido entre el fin del Cisma de
Occidente (1417) y la Paz de Westfalia (1648), de relacionarlos entre sí, y de
aportar síntesis sobre causas y consecuencias.
La Iglesia, necesitada tras la grave crisis del XIV-XV de seria reforma moral
en su “cabeza y miembros”, logrará reformarse a sí misma en gran manera,
pero no aún en el Renacimiento. Pioneros de la reforma, ya en el XIV, fueron
grupos de franciscanos dispersos a los que pronto siguieron otros religiosos
observantes; luego, el conjunto del pueblo español con sus prelados y reyes;
y decisivamente, los papas al asumir directamente la reforma general de la
Iglesia a partir de Trento.
Conexa con la pasada crisis medieval es la aparición del protestantismo
a comienzos del XVI, que significó para la Iglesia la separación de casi
media Europa. Pese a que durante tiempo se pensó por ambas partes que las
inmoralidades en la Iglesia fueron la causa principal de la escisión, pronto
comenzó a entenderse, y así lo hacía saber el propio Lutero, que su Reforma
era una nueva concepción sobre la fe, sin Iglesia por Cristo instituida.
La gran obra del Concilio de Trento (1545-1563) afronta a la par la
cuestión doctrinal luterana y la de la reforma en la Iglesia. Pese a que Trento
no logra su objetivo inicial de conjurar la gran escisión, transmite al pueblo
católico enorme vigor y alegría, genialmente plasmados en el arte y cultura
del Barroco. Crecen el culto y devoción a la Eucaristía, a la Pasíón del Señor,
a la Madre del Redentor. Se expande el Evangelio por el orbe. Se afronta con
ánimo la resistencia armada a la quiebra de la Cristiandad y a la amenaza
del turco. El esfuerzo bélico católico, en especial el de España, por la unidad
de la Cristiandad, queda vencido al término de la Guerra de Treinta Años,
concluida con la paz de Westfalia (1648). Advendrá a continuación la crisis o
descomposición del Barroco. En los siguientes Apuntes (4) se expondrá cómo
pese a todo ello la Iglesia sigue manifestando inmensa vitalidad.

Apuntes de Filosofía

Título: Apuntes de Filosofía
Autor: Lucas Pablo Prieto, hnssc
Páginas: 308 p.
Tamaño: 16×24 cm
Precio: 10 €
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Fragmento:

El origen de estos apuntes se encuentra en las tutorías que he tenido que dar a seminaristas durante sus estudios de filosofía, con el fin de profundizar en lo
que ya previamente han recibido. Por eso, y tal como indica el título, las siguientes páginas no pretenden ser una exposición sistemática y completa de los principales tratados de filosofía, sino simplemente unos apuntes. Es decir, una presentación, por lo general bastante resumida, de algunos temas que considero importantes en orden a comenzar un estudio serio en la materia….

Apuntes de Historia de la Iglesia 2: Edad Media

Título: Apuntes de Historia de la Iglesia. 2 Edad Media: del siglo V al 1417
Autor: Antonio Pérez-Mosso Nenninger, hnssc
Páginas: 502 p.
Tamaño: 16×24 cm
Precio: 20 €
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Fragmento:

Los diez siglos de la Edad Media (V al XV) reciben su unidad más profunda de la fe en Cristo, que pronto penetra en la vida toda del plural conglomerado de pueblos asentados en el solar de la futura Europa. Una gran síntesis de fe y vida, aunque no falten graves deficiencias, fue configurando a estos pueblos en gran manera a la luz de la Ciudad de Dios de san Agustín; sobre todo, a los de Occidente. Espléndidos fueron los frutos de vida cristiana; en especial en la época de la plenitud medieval (siglos XI al XIII); frutos, acompañados de un dinamismo cultural, artístico, científico, e incluso económico, sin par en la época.

La expansión de este mundo, que era el de la Iglesia, se dirigirá entonces hacia el Norte y Este de Europa; no al Sur y Este del Mediterráneo, donde se han alzado fronteras casi impenetrables por siglos para el anuncio del Evangelio en África y en Asia (a partir del s. V, debido a los cismas donatista y monofisita; y a partir del s. VII, por la fulminante expansión del Islam).

En los siglos XIV-XV adviene a la Edad Media la gran crisis al prevalecer en sus minorías dirigentes graves factores desintegradores: creciente naturalismo, individualismo, relajación moral, supeditación de la fe a la política, quiebra de la gran síntesis medieval fe-vida, decadencia de la escolástica con la consiguiente escisión ser-pensar, multiplicación de guerras entre cristianos, tremendas pestes…

No obstante, aquel reducido mundo europeo, en particular el occidental, que no ocupa un 1% de la superficie del globo, un siglo o dos después, en el XVI, comenzará a influir de manera progresiva en el orbe entero hasta el presente: por su fe en Cristo, su hegemonía cultural, científica y política, y también por los factores desintegradores insertos en su cultura, política e ideologías; factores, cuyas raíces más genuinas son las que condujeron a la quiebra y término de la Edad Media.

De ninguna manera la crisis del XIV-XV llevó entonces a la pérdida de la fe, ni afectó por igual en todas partes; pero fue indiscutiblemente portadora de gérmenes nocivos a más largo plazo. Estos Apuntes de Historia de la Iglesia (2), tratan de aportar un conjunto de datos, de hechos significativos, y a la par una breve síntesis sobre la Iglesia en la Edad Media, época marcada por la fe en Cristo, y decisiva por sus luces y sombras en la configuración de nuestro mundo contemporáneo.

Apuntes de Historia de la Iglesia 1: Edad Antigua

Título: Apuntes de Historia de la Iglesia. I Edad Antigua: de los orígenes al siglo V.
Autor: Antonio Pérez-Mosso Nenninger, hnssc
Páginas: 368 p.
Tamaño: 16×24 cm
Precio: 15 €
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Fragmento:

Los presentes Apuntes tratan de aportar una breve síntesis de la Historia de la Iglesia, realidad a un tiempo divina y humana. A este primer volumen, dedicado a la Iglesia Antigua, Dios mediante le sucederán en plazo corto los cinco siguientes con el propósito de llegar hasta el Concilio Vaticano II.
No mueve a esta redacción un afán de presentar una Iglesia ideal en la que todo han sido virtudes, sino el deseo de exponer sencillamente la realidad de lo sucedido, en la medida de lo posible, y en muy breves síntesis.
Constatables inmensas grandezas de la Iglesia se mezclan en el decurso de su historia con graves miserias internas. Unas y otras constituyen una eficaz apología de la Iglesia; paradójicamente, también las miserias, que sin cesar nos remiten a las palabras del apóstol Pablo: «llevamos este tesoro en vasijas de barro para que más se vea que una fuerza tan grande es de Dios y no de
nosotros» (2Co 4, 7).