Apuntes de Historia de la Iglesia 5: Edad Moderna 3

Título: Apuntes de Historia de la Iglesia 5: Edad Moderna 3: siglo XIX
Autor: Antonio Pérez-Mosso Nenninger, hnssc
Páginas: 477 p.
Tamaño: 16×24 cm
Precio: 20 €
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Fragmento:

El curso de la historia de la Iglesia en el XIX, marcado en gran manera por la Revolución francesa, tiene poco de sorpresivo en lo que se refiere a las grandes pruebas y tribulaciones a las que es sometida la Iglesia. Son, ante todo, consecuencias de una progresiva suplantación de la soberanía de Dios por la del hombre; suplantación, de larga prehistoria, durante tiempo aún no formulada, no puesta por escrito, como sucederá a partir del XVI; y sobre todo, ya en la segunda de la mitad del XVII cuando filósofos de la época y de enorme influjo hasta el presente (Hobbes, Cherbury, Toland, Tyndal, Spinoza, Locke… ) piensen y escriban cómo se ha de gobernar la sociedad sin contar con Dios, Ser personal y trascendente al mundo.

La obra de la Revolución francesa consistirá, en esencia, en aplicar de manera concreta aquellas filosofías a las legislaciones de los pueblos. Luego, ante las múltiples dificultades que suscitan tales aplicaciones, por la pervivencia de la fe y la consiguiente resistencia de los pueblos creyentes, los gobernantes oscilan tantas veces entre la aplicación estricta u otra más atenuada del principio capital de la soberanía del hombre. La inmensa sorpresa -contra todo pronóstico solamente humano- en la historia de la Iglesia, sorpresa patente en todo tiempo y de modo tan manifiesto en el XIX, es cómo a pesar de tantas dificultades externas, y no pocas miserias internas, se ha operado en ella una extraordinaria purificación en el tránsito del XVIII al XIX que ha fructificado en un gran crecimiento de la vida cristiana.

Surge un clero más piadoso y de mayor celo pastoral, un episcopado más modesto y fiel a Roma, un pueblo que recobra sus tradiciones arraigadas en siglos de fe, con una piedad más cálida que supera pasados rigores y frialdades de corte jansenista, una piedad más centrada en Cristo y María, en la vida de los sacramentos (eucaristía y confesión más frecuentes, avivadas en especial por san Alfonso María Ligorio, y por la tan fecunda práctica de los Ejercicios de san Ignacio). Todo ello concurre para suscitar un número incontable de vocaciones sacerdotales y religiosas, ya para bien de la antigua Cristiandad (para el culto, la predicación, la enseñanza, la atención a los más pobres y desvalidos, y para la restauración de la vida contemplativa tan afectada por la Revolución), ya para el envío de heroicos misioneros y misioneras a todos los continentes.

Es manifiesto hoy que el proceso de descristianización y deshumanización dirigido por los poderes de este mundo no se ha detenido. Y también es manifiesto que la Iglesia vive y sigue hoy dando frutos de santidad por todas partes. Muy en especial, el relato de la vida de la Iglesia, en época tan compleja como el siglo XIX, contribuye a vigorizar la gozosa convicción propia del creyente de que Cristo es la clave de la historia, y que la salud del universo viene, y ha de venir, de la bondad del Corazón de Jesús, reconocido y amado, y de su Santa Madre que de modo tan extraordinario y providente ha pedido en Fátima la consagración del mundo a su Inmaculado Corazón.